Primer día de guardería y mi angustia de separación

nutella

Me sentía fuerte y segura de mi decisión. El crío y yo llevábamos 11 meses como uña y mugre, juntos las 24 horas, los 7 días de la semana. Sin embargo, por muchas razones sentí que era momento de iniciar otra etapa. Mi bebé iría unas horas a la guardería para que esta #madrecaótica tuviera tiempo de trabajar y realizar los mil y un pendientes.

Durante una semana hablé mucho con el crío. Le explique que la rutina iba a cambiar y ya no estaría todo el día pegado a su mamá, pero que iba a divertirse y a aprender cosas nuevas. Le dejé muy claro (no sé si me entendió) que siempre iba a volver por él y que lo adoraba con toda mi alma. La noche anterior le preparé su mochilita y lo acosté  como siempre. Él se durmió tranquilo, pero cuando salí de su cuarto una sensación extraña y totalmente inesperada se apoderó de mí. Empecé a sentir una presión en el pecho y un nudo en la garganta. Me tomó unos minutos entender qué me pasaba.

Cuando fui capaz de ponerlo en palabras, las lágrimas empezaron a escurrir sin control. Inmediatamente me diagnostiqué: Angustia de Separación Severa. También le pueden llamar: Hijitis Aguda, Apego Intenso o #mátenmeporquememuero. Así fue. Les juro sentía que me moría. No sabía cómo manejar la idea de estar físicamente lejos de mi crío. Me tuve que comer un bote entero de Nutella con los dedos para poder dormir.

A la mañana siguiente, tomé valor de no sé donde, y lo alisté para su primer día. El pobre ha de haber pensado que su mamá se volvió loca porque lo besé, lo abracé, lo mordí y lo apachurré mucho más de lo normal. Ya por el décimo ataque de besos hasta me empujaba con su manita como diciendo: ya estuvo bueno, mamá. Yo también te quiero pero estoy todo babeado. Las lágrimas estaban controladas, pero la presión en el pecho no desaparecía.

En el coche iba temblando y tenía náuseas. Les juro no estoy exagerando ni tantito. El crío iba en su silla divirtiéndose con los pájaros matutinos y el sol colándose entre las flores de jacaranda. Qué bonitas son las mañanas de primavera, pero esa en especial estaba cargada de angustia para mí.

Llegamos a la guardería. Toqué el timbre y quise salir corriendo con mi hijo en brazos. Correr hasta el fin del mundo donde sólo existiéramos él y yo (disculpen mis pensamientos enfermizos). Para mi mala suerte abrieron muy rápido. Con el movimiento de la puerta se aflojaron mis lágrimas. Lo bueno fue que la Directora (que parece mi abuelita) me miró con comprensión y empatía. Lo que me hizo pensar que tal vez no soy la única mamá a la que se le van las cabras al monte la primera vez que deja al crío en la guardería.

Casi casi arrancó (o así lo sentí) al bebé de mis brazos y se lo llevó a su salón. No me dio tiempo de darle un último beso, pero supongo que fue lo mejor. Él se alejó confiado. Me senté en una silla a llenar papeles sin dejar de llorar. Ahora tenía a dos abuelitas abrazándome, pasándome kleenex y asegurándome que lo que estaba sintiendo era normal. Yo definitivamente no estaba preparada. No sabía que me iba a desgarrar emocionalmente o que me afectaría tanto dejarlo.

Ya no había pretexto para estar ahí adentro. Tenía que ir a casa a hacer todos los pendientes que ahora parecían insignificantes. Salí de la guardería y no pude caminar. Me agarré de un árbol que era lo que tenía más cerca y me puse a llorar como una loca desquiciada. Se me perdió la mujer madura, independiente, fuerte, desapegada e  íntegra. Lo único que quería era regresar por mi bebé, llevarlo a la casa conmigo y darle pecho en nuestra mecedora junto a la ventana, como tantas mañanas.

Pero no lo hice. Lloré unos cuantos minutos abrazada del árbol y  regresé a mi casa. Estaba silenciosa y vacía. No sabía qué hacer. Me preparé un café y me lo tomé mirando fijamente a la pared. Después fui al baño y no me sentí observada. Muy raro. Me di un regaderazo largo y juré que un bebé lloraba a lo lejos. Yo creo que esa paranoia se quedará por siempre. Prendí mi computadora y me dispuse a trabajar. No pude. Tenía sentimientos encontrados: una mezcla de tristeza, emoción, angustia, felicidad. Desde que soy mamá todo es demasiado intenso y confuso.

Así empezamos el crío y yo una nueva etapa. Creo que será más difícil para mí que para él. Nos extrañamos mucho, pero sé que fue una buena decisión y vamos a estar bien. Es cuestión de adaptarnos. Lo que duele no es el cambio, es resistirse a él. Hay que fluir.  Me gusta sentir que somos invencibles y podemos con todo. Tenemos suerte de enfrentar la vida juntos.

No me queda más que dar gracias al universo por los 11 meses que estuvimos compartiendo cada instante.  Fuimos muy felices. Llevo en mi corazón sus miradas, sus risas, sus llantos y todas sus primeras veces. Los días parecían largos, pero ahora me doy cuenta que el tiempo pasa rapidísimo. No puedo creer que en dos semanas cumplirá un año.

Qué bueno que lo abracé, lo cargué, dormí con él y lo amamanté tanto tiempo. Nunca me dio miedo embracilarlo. Qué bueno que dejé de hacer tantas cosas para cuidarlo, para jugar con él, para atenderlo, para arrullarlo, para calmar su llanto. Hoy sé que los pendientes pueden esperar. Ya habrá tiempo después. Mucho tiempo, quizás demasiado.

5 comentarios en “Primer día de guardería y mi angustia de separación

  1. Ay, te entiendo tanto! Y esa angustia por momentos vuelve, a pesar de que Mirula ya lleva 3 años yendo al jardín de infantes. Hoy no se quería quedar y yo ya tenía ganas de llevármela conmigo. No sé a dónde, porque en casa no había nadie que cuidara de ella, ni yo podía traerla al trabajo. Pero yo quería llorar y tenerla conmigo. En fin, mucha fuerza y sí, es una felicidad el tiempo que han pasado juntos, y todo lo que les queda por disfrutar aún! Al fin de cuentas, este es otro aprendizaje más que harán juntos. Por cierto, me ha encantado tu foto con el Nutella jajaja Un abrazo desde Buenos Aires 🙂

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  2. Dios, me has hecho llorar… te entiendo tanto a pesar de que aún no paso por eso. Yo no tuve la suerte de pasar tanto tiempo pegada a mi hijo porque tuve que volver al trabajo, pero tuve la fortuna de que mi suegra lo cuide y el es muy feliz, sin embargo, siento que me estoy perdiendo tantas cosas, sufro cada vez que me entero que hizo algo nuevo y yo no estuve ahí, es muy difícil y seguro también va a serlo cuando lo tenga que dejar en la guardería a iniciar otra etapa en su vida, saber que estará con gente que el no está habituado a tratar. Gracias por compartir tu hermosa experiencia.

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