Trabajo en casa + crío = desastre potencial

trabajando

Tengo la suerte de trabajar en casa desde que mi crío nació. Después de 2 meses, me dispuse a retomar en su totalidad mis responsabilidades laborales. Instalé una especie de oficina en el cuarto de tele con una impresora, una computadora, un teléfono y un espacio para que el bebé estuviera tranquilo (inocente yo).

No sé que me hizo pensar que se iba a quedar entretenido y feliz mientras yo trabajaba intensamente. Claro que no. Nadie me dijo que los bebés son tan demandantes. Además de alimentarlos, cambiarlos y dormirlos, hay que entretenerlos, apapacharlos, acompañarlos, jugar y estar con ellos. No es como que se quede en su silla viendo el techo. Bueno por lo menos el mío no. Mi crío se aburre rápido y requiere mi atención.

Entonces, el privilegio de trabajar en casa se volvió un infierno. Estaba muy estresada porque no podía cumplir con mis pendientes profesionales y cuidar a mi bebé al mismo tiempo. No estaba haciendo ninguna de las dos cosas bien. Ni siquiera quiero recordar lo difícil que era tomar una llamada aprovechando que él estaba tomando una siesta y que de repente se levantara llorando. Yo lo quería atender, pero estaba a la mitad de un asunto y además me daba mucha pena que se escuchara el llanto a través del teléfono porque no quería parecer poco profesional. Hubo un día (confieso) en que estaba en una llamada importantísima y el crío empezó a llorar. De plano lo deje en su cuna llorando 15 minutos hasta que pude colgar el teléfono. Me sentí fatal. Me invadió un sentimiento de culpa bastante agrio. Luego, cuando tenía que sentarme a escribir, con una mano agitaba un juguete y con la otra trataba de terminar una oración. Además no es como que puedas concentrarte. Tú mente está en otro lado y enfrentas constantes interrupciones. Yo recibía la noche agotada, angustiada, de mal humor, sin bañar  y con la misma pijama con la que me desperté. Todavía tenía que  escuchar a mi abuela juzgarme por trabajar y no dedicarme totalmente a mi hijo. Además, súmenle el cansancio inducido por todas las veces que te levantas en la madrugada a dar de comer y abrazar. En fin, un desastre. Yo era una ineficiente piltrafa humana histérica y desesperada.

Entonces, a todas las mamás que creen que es posible trabajar en casa y cuidar a un bebé se los digo de una vez: olvídenlo. No se puede. No lo intenten. Ahórrense una buena dosis de estrés y tomen medidas para lograrlo.

Basicamente hay tres opciones: llevar al bebé unas horas a la guardería, contratar a alguien que les ayude con la casa y el crío, o irse a casa de un amigo o familiar para que cuide al bebé mientras ustedes trabajan. Por el amor de algún dios, planeen bien la logística antes de retomar su vida laboral.

Yo me fui por la segunda opción. Decidí que era una buena inversión contratar a alguien tiempo completo, todos los días para que me ayudara. También le metí un poco de disciplina a mi vida. Nos despertamos y aprovecho las primeras horas de la mañana para convivir con mi bebé. Cuando llega la dulce nana tatuada, le entrego al crío y me siento en mi escritorio a trabajar. Me lo pasa para que lo amamante y después retomo mis actividades laborales. Me llena de tranquilidad saber que lo cuidan con amor y que cualquier cosa yo estoy cerca. Sin embargo, me permito concentrarme en mi trabajo y cumplir con las muchas responsabilidades que tengo. Trato de ser lo más eficiente posible para que a partir de las seis de la tarde sólo me dedique a pasarla bien con el crío.

Así estamos funcionando bien. Claro que a veces me asalta la maldita culpabilidad de que paso poco tiempo con el bebé. Pero la verdad es que por fin entiendo el verdadero significado de  “lo que importa es la calidad, no la cantidad”.

Y estoy aprendiendo a aplicar eso en otros aspectos de la vida. Cuando estás en cualquier situación tienes que estar ahí al 100%. Vivir cada cosa con intensidad y lo más profundo posible.  Desde una conversación con una amiga, hasta el trabajo, una tarde rosa,  la convivencia con tu familia, un libro, un momento contigo, una canción, tu hijo.

5 consejos desde el caos para sobrevivir el trabajo en casa:

  1. Acepta que no se puede y busca ayuda para poder hacer bien las dos cosas.
  2. No te sientas culpable por nada. Nadie puede juzgar la manera en la que llevas tu maternidad. No por trabajar somos malas madres.
  3. Que no te de pena si a veces debes ir a una reunión con tu bebé o si llora en una llamada telefónica. Que se acostumbré el mundo entero a que ahora eres mamá y tus prioridades han cambiado.
  4. Lo importante es la calidad del tiempo que pases con tu bebé, no la cantidad. Tú bebé también se tiene que acostumbrar a que tiene una mamá trabajadora. Que aunque no esté físicamente ahí, siempre estará presente.
  5. Vive cada cosa con intensidad y lo más profundo posible.

 

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