Viva el colecho

colecho

Si algo he aprendido de la maternidad es que muy pocas cosas suceden según lo planeado. Mi esposo y yo acordamos que el bebé nunca iba a dormir en nuestra cama y que tan pronto como fuera posible lo íbamos a pasar a su propio cuarto. Así que colocamos a nuestros pies el histórico moisés tallado a mano por su abuelo paterno y estábamos decididos a que las noches pesadas sólo serían las primeras.

Desde el principio tuve suerte; el crío resultó ser muy bueno para dormir. Durante los primeros tres meses se levantaba solamente dos veces, comía un poco y se volvía a dormir inmediatamente hasta las 7am. Claro que una que otra noche se alborotaba y se tardaba más en dormir, pero nada grave. Después de la danza arrulladora se quedaba dormido en el histórico moisés. Yo dormía relativamente bien y a la mañana siguiente estaba fresca para montar al día.

Algo pasó hace muy poco, justo antes de que cumpliera cuatro meses. De una noche a la otra se empezó a levantar más de cuatro veces. Casi cada dos horas abría los ojos para pedir leche o un abrazo que lo ayudara a volverse a dormir. No creo que estuviera hambriento porque succionaba sólo un par de minutos. Pero eso sí, yo abría los ojos, me ponía los lentes, prendía la luz, me levantaba, iba a su cuna, lo cargaba, lo alimentaba, esperaba a que se durmiera, lo acomodaba otra vez, me volvía a acostar, me quitaba los lentes, apagaba la luz y trataba de dormirme lo más pronto posible. Claro que después de tres veces, la alborotada era yo.

Así me convertí en un zombie. Estaba agotada. Todos te dicen: duérmete cuando el bebé se duerma durante el día para recuperarte, pero para mí nunca ha habido tal cosa. Hay responsabilidades con las que yo tengo que cumplir. Cuando mi crío toma sus siestas yo aprovecho para ponerme al corriente en el trabajo y otros pendientes de la vida cotidiana que hay que atender.

Una noche, de plano no pude abrir los ojos para atender el llamado. El culpable de toda esta situación (mi esposo y aquella tarde de pasión) se levantó y tomó al niño en brazos, pero pues él no puede darle de comer (otro día les contaré como no he logrado que mi bebé tome mamila). Así que lo acostó junto a mí, me levantó la blusa y lo enchufó para que comiera. Amanecimos los tres en la cama plácidamente.

He leído mucho acerca del colecho. Unos dicen que es lo más natural y que es bueno para fomentar el apego. De esta manera, los bebés crecen en un entorno donde se sienten más seguros. Otros dicen que no deben dormir con los padres porque es peligroso para la salud, ya que se incrementa el riesgo de aplastarlos o sofocarlos. Asimismo, afirman que el colecho ocasiona que los niños sean menos independientes y que les resulte más difícil dormir en su propio cuarto.

La verdad, a mí el colecho me resulta maravilloso porque los tres dormimos mejor. Acomodo al crío cerca de mi pecho y buenas noches a todos. Claro que sí se despierta, pero no tiene que llorar o hacer sonidos fuertes. Simplemente se acerca a mi pecho y empieza a succionar hasta que se queda dormido otra vez. Yo lo ayudo si noto que se le está complicando y como no me despabilo, me vuelvo a dormir inmediatamente.

Lo que sí es cierto es que se despierta más veces para comer que si durmiera en su moisés. A veces se queda dormido prendido y no me suelta en varias horas. Esto no sé qué tan bueno sea a futuro, pero en este momento el colecho nos funciona muy bien. Yo lo acuesto en su propia cuna, pero cuando se despierta la primera vez lo paso a nuestra cama y amanecemos los tres empiernados. Algo así como el brazo del culpable en mi cintura, las piernas del bebé sobre mis muslos, su manita agarrando mi brazo, yo rodeándolo con el otro brazo y toda esta escena de nudo humano amenizada por los terribles ronquidos de mi marido.

Otra cosa que he aprendido de la maternidad es que hay que hacer lo que te funciona en el momento preciso. Yo ya no me preocupo mucho por el futuro. Cuando el colecho deje de ser lo óptimo para nosotros pues cambiaremos de práctica. De igual manera, lo que a ti te funciona puede  ser diferente para otras familias. Yo hago lo que siento que es mejor para nosotros y nos hace sentir cómodos.

El mundo (y google) está lleno de opiniones, escuelas y juicios de valor. Les recomiendo que hagan lo que quieran y sientan que es mejor para ustedes. Nada más.

Además de descansar mejor, a mí me encanta amanecer los tres juntos y darme cuenta que todo lo que verdaderamente importa y lo que más quiero en la vida cabe en una cama queen size.

Consejos desde el caos para el colecho:

  1. Ya de plano, duérmete sin camiseta.
  2. Ponle al bebé ropa ligera para que no le dé calor.
  3. Evita poner muchas almohadas en la cama.
  4. Quita tu cabecera si tiene barrotes amplios.
  5. Asegura al bebé contra posibles caídas.

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